Si hay un momento en el que Zaragoza se transforma por completo, es durante las Fiestas del Pilar. La ciudad se llena de color, música y alegría, y da igual si eres zaragozano o vienes de fuera: todo el mundo acaba contagiado por el ambiente.
El corazón de la fiesta está en la Plaza del Pilar, donde miles de personas llegan con flores para la Ofrenda a la Virgen. Ver cómo se forma ese enorme manto de colores frente a la basílica es algo que impresiona. Todo huele a flores, suenan las jotas y la emoción se nota en el aire.


Desde allí, lo mejor es dejarse llevar. Las calles del centro histórico están llenas de vida, puestos, música, comparsas y los gigantes y cabezudos que hacen reír a todo el mundo. Cruzar el Puente de Piedra para ver el Pilar reflejado en el Ebro es una parada obligada a cualquier hora del día.

Durante los Pilares hay planes para todos los gustos: conciertos grandes en el Espacio Zity, espectáculos callejeros, ferias, exposiciones y actividades por toda la ciudad. Si se busca un descanso entre tanto movimiento, nada como ir de tapeo por El Tubo. Zaragoza sabe celebrar… y también comer.


Por la noche, los fuegos artificiales y los conciertos al aire libre ponen el broche perfecto al día. Las luces del Pilar y la Seo iluminadas sobre el río son una imagen única.
Visitar Zaragoza en Pilares es vivir la ciudad en su mejor versión: alegre, abierta y orgullosa de sus tradiciones. Es una fiesta que se disfruta con los cinco sentidos, y cuando te vas, siempre te queda la sensación de que el año que viene vas a volver.
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