Qué ver en Fuerteventura en una semana: ruta completa por la isla majorera

Fuerteventura es una isla que se disfruta sin prisas. A diferencia de otros destinos del archipiélago canario, aquí no predominan las grandes ciudades ni los monumentos históricos, sino un paisaje moldeado por el viento, el océano Atlántico y el origen volcánico de la isla. Kilómetros de playas de arena dorada, pequeños pueblos marineros, carreteras que atraviesan parajes casi desérticos y algunos de los mejores espacios naturales de Canarias convierten a la isla majorera en un destino perfecto para quienes buscan naturaleza y tranquilidad.

Declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2009, Fuerteventura alberga algunos de los paisajes más singulares del archipiélago canario. Desde la inmensidad de Cofete hasta las dunas de Corralejo, pasando por el encanto histórico de Betancuria o la pequeña Isla de Lobos, recorrer la isla permite descubrir mucho más que un destino de sol y playa.

Si se dispone de una semana, esta ruta permite conocer sus principales atractivos combinando playas, naturaleza y patrimonio sin necesidad de realizar grandes desplazamientos cada día.

Antes de comenzar el viaje

La mejor forma de recorrer Fuerteventura es en coche. Aunque existen líneas de autobús entre las principales localidades, muchos de los lugares más interesantes se encuentran alejados del transporte público. Las carreteras están en buen estado y conducir resulta sencillo, salvo el acceso a la Playa de Cofete, donde una pista de tierra obliga a circular con mayor precaución.

En cuanto al alojamiento, tanto Corralejo como Morro Jable son dos excelentes bases para recorrer la isla. El primero ofrece un ambiente más animado y una ubicación perfecta para descubrir el norte, mientras que Morro Jable resulta ideal para quienes buscan tranquilidad y algunas de las mejores playas de Fuerteventura.

Día 1. La península de Jandía, Cofete y Morro Jable

La mejor forma de comenzar la ruta es dirigiéndose al extremo sur de la isla para descubrir uno de sus paisajes más impresionantes. La carretera que conduce hasta Cofete atraviesa el Parque Natural de Jandía, un espacio protegido donde el paisaje volcánico domina por completo el horizonte. Antes de descender hacia la costa merece la pena detenerse en el mirador de Cofete. Desde este punto se obtiene una panorámica privilegiada de una playa que parece no tener fin y de las montañas que la rodean.


La Playa de Cofete es uno de los lugares más emblemáticos de Fuerteventura. Sus casi catorce kilómetros de arena dorada, el fuerte oleaje y la ausencia de construcciones convierten este rincón en uno de los paisajes más salvajes de Canarias. Aunque el baño no suele ser recomendable debido a las corrientes, caminar por la orilla permite comprender por qué muchos la consideran una de las playas más espectaculares de Europa.

Muy cerca se encuentra la Casa Winter, una antigua construcción rodeada de leyendas relacionadas con la Segunda Guerra Mundial. Más allá de las historias que han acompañado al edificio durante décadas, la visita permite conocer uno de los lugares más curiosos de la isla y, que sin duda, no deja indiferente a nadie.

La jornada puede terminar en Morro Jable, una de las localidades turísticas más agradables de Fuerteventura. Su paseo marítimo, el puerto pesquero y la Playa del Matorral son perfectos para disfrutar de una tarde tranquila junto al mar.


Día 2. Corralejo y El Cotillo

El norte de la isla ofrece un paisaje completamente diferente. La primera parada es el Parque Natural de las Dunas de Corralejo. Este enorme campo de dunas, formado durante miles de años por la acción del viento y el mar, constituye uno de los espacios naturales más representativos de Canarias. Caminar entre sus montículos de arena blanca mientras el océano aparece al fondo es una de las imágenes más reconocibles de Fuerteventura.

Junto a las dunas se encuentran las conocidas como Grandes Playas, una sucesión de arenales de aguas cristalinas ideales para disfrutar de un baño o simplemente contemplar el paisaje. Después resulta recomendable pasear por Corralejo, una localidad que ha sabido combinar su origen marinero con el desarrollo turístico. El puerto, las terrazas y las pequeñas calles comerciales invitan a recorrer el pueblo con calma.

Aquí también se puede visitar Playa de las Palomitas o Popcorn Beach. Su nombre no se debe a la arena, sino a los miles de fragmentos de rodolitos, algas calcáreas fosilizadas, que, con el paso del tiempo y la acción del mar, han adquirido una forma muy similar a las palomitas de maíz. Aunque el paisaje resulta sorprendente, conviene recordar que estos pequeños restos forman parte del ecosistema de la costa y está prohibido llevárselos como recuerdo.


Por la tarde, la ruta continúa hacia El Cotillo. Este antiguo pueblo pesquero conserva un ambiente mucho más tranquilo y ofrece algunos de los mejores atardeceres de la isla. Merece la pena acercarse hasta el Faro del Tostón y terminar el día en la Playa de La Concha, una laguna natural protegida del oleaje.


Día 3. Excursión a la Isla de Lobos

Situada entre Fuerteventura y Lanzarote, la Isla de Lobos constituye uno de los espacios naturales mejor conservados del archipiélago. El acceso únicamente puede realizarse en barco desde Corralejo y es necesario solicitar previamente un permiso gratuito debido a la limitación diaria de visitantes.


Una vez en la isla, un sencillo sendero circular permite recorrer sus principales atractivos. Entre ellos destacan el volcán de La Caldera, el Faro de Martiño, el pequeño embarcadero conocido como El Puertito y la Playa de La Concha, cuyas aguas tranquilas la convierten en uno de los mejores lugares para descansar tras la caminata.


La ausencia de carreteras, hoteles o grandes infraestructuras hace que la visita a Lobos mantenga un carácter muy especial. Conviene llevar agua, algo de comida y protección solar, ya que apenas existen servicios en la isla aunque se cuenta con un pequeño chiringuito y un restaurante.

Día 4. Costa Calma y Ajuy

El cuarto día combina dos paisajes muy diferentes. La mañana puede dedicarse a descubrir las playas de Costa Calma y Sotavento, dos de los arenales más conocidos de Fuerteventura. Sus aguas turquesas y la amplitud de sus playas las convierten en un lugar perfecto para relajarse o practicar deportes acuáticos como el windsurf y el kitesurf.


Dependiendo de la marea, en la Playa de Sotavento se forman pequeñas lagunas naturales que ofrecen una imagen muy característica de esta zona de la isla. Por la tarde, la ruta se dirige hacia la costa occidental para visitar Ajuy, un pequeño pueblo pesquero famoso por sus cuevas.

Un agradable sendero bordea los acantilados hasta llegar a las Cuevas de Ajuy, consideradas una de las formaciones geológicas más antiguas de Canarias. Durante millones de años, el océano ha esculpido estas cavidades sobre materiales anteriores incluso al nacimiento de la isla. Antes de regresar, merece la pena detenerse unos minutos en la playa de arena negra que preside el pueblo.


Día 5. Betancuria y el corazón de Fuerteventura

Después de varios días recorriendo la costa, llega el momento de descubrir el interior de la isla. La primera parada puede realizarse en el Mirador de Guise y Ayose, donde dos grandes esculturas recuerdan a los antiguos reyes aborígenes de Fuerteventura mientras ofrecen una magnífica panorámica del paisaje majorero.

A pocos kilómetros aparece Betancuria, fundada en el siglo XV y considerada la primera capital de Canarias. Pasear por sus calles empedradas, visitar la iglesia de Santa María o detenerse en alguna de sus plazas permite descubrir una de las localidades con mayor valor histórico de la isla.


Muy cerca se encuentra el Museo del Queso Majorero, una visita recomendable para conocer una de las tradiciones gastronómicas más importantes de Fuerteventura. La isla cuenta con una de las mayores cabañas de cabras de España y el queso elaborado con su leche posee Denominación de Origen Protegida desde 1996. Durante la jornada también pueden visitarse algunos de los antiguos molinos restaurados que recuerdan la importancia que tuvo el cultivo de cereales en el pasado.


Día 6. Día de playa

Después de varios días de carretera y excursiones, dedicar la última jornada a descansar resulta la mejor forma de despedirse de Fuerteventura. Las playas de Morro Jable ofrecen arena fina, aguas cristalinas y un ambiente mucho más relajado que otros destinos turísticos del archipiélago.

La Playa del Matorral, presidida por su característico faro, es una de las mejores opciones para disfrutar del sol o dar un largo paseo junto al mar. También puede aprovecharse el día para recorrer el paseo marítimo, descubrir alguno de sus restaurantes especializados en pescado fresco o simplemente contemplar el Atlántico antes de emprender el viaje de regreso.


Día 7. Puerto del Rosario y vuelta

Antes de poner punto final al viaje, una buena opción es hacer una breve parada en Puerto del Rosario, la capital de Fuerteventura. Aunque suele pasar desapercibida frente a otros destinos de la isla, su paseo marítimo, las esculturas que decoran sus calles y el ambiente cotidiano ofrecen una imagen diferente, alejada de las zonas más turísticas.


Si se dispone de algo de tiempo, merece la pena visitar la Casa Museo Miguel de Unamuno, donde el escritor vasco residió durante su destierro en 1924 y que hoy permite conocer este episodio de su vida y su vínculo con la isla. Muy cerca se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, uno de los edificios más representativos del centro histórico. Su visita es un buen broche para despedirse de Fuerteventura antes de recorrer los escasos kilómetros que separan la ciudad del aeropuerto y coger el vuelo de vuelta.

Qué comer en Fuerteventura

La gastronomía majorera está profundamente ligada al mar y a la ganadería. El gran protagonista es el queso majorero, elaborado con leche de cabra autóctona y considerado uno de los mejores quesos de España. También resulta imprescindible probar las tradicionales papas arrugadas con mojo, el pescado fresco, el pulpo, el cabrito o el gofio, uno de los alimentos más representativos de la cocina canaria. Como postre, el bienmesabe y los dulces elaborados con almendra son dos opciones muy habituales.

Fuerteventura es una isla diferente al resto del archipiélago y nada tiene que ver con Tenerife, Lanzarote o Gran Canaria. Su atractivo no reside únicamente en la belleza de sus playas, sino en la sensación de espacio y tranquilidad que transmite cada uno de sus paisajes. Recorrer la península de Jandía, caminar por las dunas de Corralejo, descubrir la historia de Betancuria o navegar hasta la Isla de Lobos permite comprender por qué este rincón del Atlántico se ha convertido en uno de los destinos naturales más interesantes de Canarias.

Con una semana es posible conocer sus lugares más emblemáticos sin prisas, disfrutar de algunas de las mejores playas de España y descubrir una isla que conserva intacta buena parte de su esencia.

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